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domingo, 17 de noviembre de 2013

Una sociedad sin idealismo...

Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor.

José Ingenieros.


Son muchas las ocasiones en que nos detenemos un momento para dialogar con nuestra subconsciencia y preguntarnos: De todo lo bueno que sucede ¿Qué es peor?, o por el contrario: De todo lo malo que sucede ¿Qué es mejor? 

Cualquiera persona que le quede en su interior al menos un gramo de idealismo debe tener la capacidad política de distinguir lo bueno, de lo malo; lo correcto, de lo incorrecto; lo justo, de los injusto; lo sensato, de lo insensato; la verdad, de la mentira.

Pero... si un ideal es un conjunto de valores morales que se tienen acerca de una cosa o del mundo en general ¿Por qué actuamos alejados de estas normas de conducta? La respuesta es muy sencilla: Porque desde un tiempo para acá toda la sociedad contribuye al desarrollo de generaciones de personas sin ideales, e irónicamente, los principales responsables de esta des-humanización de la sociedad son los partidos políticos.

La responsabilidad que tienen estos de construir ideales en sus inscritos ha sido suplantado por un clientelismo cada vez más sofocante, haciendo prevalecer las conductas más criminales por encima de la decencia y la vocación de servicio.  "Nadie piensa donde todos lucran; nadie sueña donde todos tragan".

Con este pensamiento escrito hace décadas por el escritor argentino José Ingenieros, quiero describir como los políticos de hoy descomponen el propósito de su existir (que no es más que servir a su pueblo a través de propuestas que resuelvan los problemas), adoptando estrategias mediocres para vender su imagen, y cuyo principal ingrediente en el contenido de su discurso es el desprestigio del adversario, en una clara competencia de comprobar según ellos quien es mejor (según mi criterio, quien es peor).

Filosofando sobre este tema en una hermosa mañana de domingo, enciendo el televisor y accidentalmente me encuentro inmerso en un acalorado pero diplomático debate entre el secretario de comunicaciones del Estado de Panamá Eduardo Camacho y el ex Diputado Pedro Miguel González.

Enseguida se me vino a la mente esta inquietud: De la basura de programa que estoy viendo ¿Qué es mejor? ¿Defender lo indefendible o criticar lo que en su momento no hicimos?

Si los partidos políticos no les interesa construir generaciones de ciudadanos con ideales, los medios de comunicación deberían asumir esa responsabilidad, y entregarle a sus televidentes programas de contenido serio, que en el caso de la política, se concentre en las propuestas de gobierno de los candidatos, y no en rencillas tan estúpidas como el hecho de querer competir en un programa de televisión sobre quien robó más o quien robó menos, sin importarles siquiera lo que es mejor o no para el país.

Hubiera sido mucho más positivo que los moderadores le preguntaran al señor Camacho a título personal, ¿cuáles han sido sus aportes al país desde el cargo que ocupa?, o mejor aún, que el señor Pedro Miguel mencionara la lista de aquellas iniciativas legislativas que desde su curul en la Asamblea impulsó en los períodos constitucionales en que fue electo. De haber sido así, sin duda el programa hubiera gastado más tiempo en comerciales que en debate.
 
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