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viernes, 7 de marzo de 2014

SOBRE LA RUPTURA DE LAS RELACIONES ENTRE PANAMÁ Y VENEZUELA


Por décadas la política exterior de nuestro país se ha caracterizado por su neutralidad y carácter conciliador ante conflictos de países hermanos.  Panamá ha fungido, con un éxito tremendo,  como un “instrumento para el entendimiento” en diferencias que en el pasado, surgieron entre algunas naciones del mundo, y como botón de oro, podemos mencionar las exitosas negociaciones que tuvieron como desenlace la firma de los tratados Torrijos Carter y la entrega de la zona del canal y las bases militares norteamericanas a manos panameñas.

Sin embargo, desde que Ricardo Martinelli asumió la Presidencia de la República, observamos un deterioro evidente en la política exterior del país, que en otrora, era un modelo para la diplomacia internacional.

Atuendos inadecuados en actos oficiales ofrecidos en el exterior, comentarios que causaron molestias en gobiernos extranjeros (como los que realizó en su visita a Jerusalém), y tensas relaciones con países hermanos es la herencia que nos deja estos últimos 5 años de gestión pública en materia de relaciones internacionales.

La ruptura de las relaciones comerciales y diplomáticas con la hermana República Bolivariana de Venezuela es sin duda, la más intensa diferencia internacional que ha vivido Panamá desde que el Presidente Roberto Chiari rompiera relaciones con los Estados Unidos ante los violentos sucesos acontecidos el 9 de enero de 1964 (obviando por supuesto la invasión en el año de 1989).

No es nuestro propósito tomar partido ante el problema de Venezuela, lo único que sí podemos manifestar es una evidente polarización entre la sociedad venezolana: los que respaldan al gobierno, y quienes los adversan.  Nosotros vivimos una situación similar en la década de los 80, en donde el odio entre panameños se hizo evidente en las calles.

Ante esta situación, Panamá ha pedido a través de su embajador ante la Organización de los Estados Americanos, una reunión urgente para tratar el tema de Venezuela, y la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿A quien carajo se le ocurrió que Panamá tenía que solicitar esto? ¿Por qué esto no fue solicitado por naciones que ya han mostrado desacuerdos con el gobierno venezolano, como Estados Unidos o Colombia? ¿Por que involucrar a nuestro país en una diferencia diplomática que se puede hacer extensiva con los países que conforman la UNASUR?

Lo que queremos plantear es que esta ruptura, aunque desproporcionada y descabellada por parte de quien la anuncia (Presidente Maduro), ha sido también provocada por actuaciones desacertadas, de un gobierno que en los últimos años ha actuado favoreciendo los intereses de los Estados Unidos (quizá para ganar su bendición en las próximas elecciones), cambiándole al país su atuendo neutro, y generando desconfianza en naciones que antes nos respetaban por nuestras posturas ecuánimes, objetivas y conciliadoras.

Dicho lo dicho… y visto lo visto… como panameño, condeno las declaraciones ofensivas e irrespetuosas del Presidente Maduro en contra de nuestro Presidente, de nuestro gobierno y de nuestro pueblo, así como también, condeno la forma tan irrespetuosa con la que este ha utilizado la imagen del General Omar Torrijos en actos oficiales, para sacar provecho político en medio de la crisis diplomática que ha surgido entre nuestros países.

Le toca el gobierno nacional de Panamá asumir su responsabilidad por todo lo ocurrido, adoptando ahora una postura patriótica. Una de ellas es la compra de la deuda de 1,500 millones de dólares que adeudan empresas venezolanas con decenas de empresarios de la Zona Libre de Colón, sino en su totalidad, al menos para que estos puedan cumplir con sus obligaciones financieras y rescatarlos de la quiebra, dejando claro, que no se restablecerán las relaciones hasta que no se acuerde la apertura de negociaciones serias, que culminen en la cancelación de estos compromisos económicos, que ahora (de hacerse realidad esta sugerencia en favor de nuestros empresarios) se le adeudan a la nación panameña.

Toca reconocer los errores y sacarle algo positivo a esta crisis.  Ya lo hemos hecho en el pasado, cuando gracias a la sangre de nuestros mártires, un Presidente de Panamá se atrevió a anunciar:


“He roto relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, y no las reiniciaremos hasta acordar abrir negociaciones para un nuevo tratado”. 

Presidente Roberto Chiari 
15 de enero de 1964
 
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