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martes, 16 de diciembre de 2014

Bonos y partidas: El suplemento perfecto para alimentar el clientelismo y la corrupción



"La Diputada Ana Matilde Gómez es sin duda la luz que ilumina el modelo a seguir por toda la clase política panameña".

"La jugada es simple: El diputado otorga un recurso que no es él a cambio de votos y popularidad, y de paso, se gana unos dólares a través de coimas que le brindan las empresas y fundaciones beneficiadas con las contrataciones, las cuales en la mayoría de los casos están ligadas directa o indirectamente a él mismo".

Por: Luis Flórez Karica.

Es indudable que los tres órganos de gobierno que componen el Estado panameño se encuentran sufriendo trastornos sociopolíticos muy delicados, lo que ha causado un profundo malestar en la sociedad en general. Ninguno de ellos ha salido ileso de las mordidas de fieras como el clientelismo y la corrupción. Ni en este gobierno... ni en el anterior... ni en todos los anteriores. Pareciera que el objetivo de toda la clase política panameña es simple: Poder y riqueza personal. Servir al pueblo generalmente es lo último en que se piensa.

Aunado a lo anterior, la tolerancia de los panameños ante casos de corrupción contribuyó a los excesos acaecidos en el quinquenio pasado. Todos los órganos de gobierno quedaron en evidencia, y todos los días nos encontramos con más elementos que solo confirma lo que es sabido por todos: las grandes riquezas acumuladas por algunas familias de este país provienen de actos de corrupción.

Como los políticos de siempre, las más importantes figuras del recién instaurado gobierno llegaron con el mismo discurso de los demás: ¡En mi gobierno no se tolerará la corrupción! ¡Mi gestión será transparente y de puertas abiertas! bla... bla... bla...

Uno de estos ilustres personajes fue el Diputado Adolfo Valderrama, hoy Presidente de la Asamblea Nacional de Diputados, y puedo afirmar que en la actualidad, no hay un órgano de gobierno más detestado por los panameños que este precisamente. Les explico por qué.

El órgano ejecutivo lo componen el Presidente y su gabinete, mientras que el judicial está compuesto por 9 magistrados. En cambio, la Asamblea la componen 71 diputados, todos con presencia directa en las áreas, con los mismos antivalores, y actuando solo para alcanzar un fin: Poder y riqueza personal. Servir al pueblo es en lo último en que se piensa. La aversión que existe de parte de la población hacia estos ya se empieza a percibir en el aire.

Así pues, el malestar no puede ser peor. No han pasado ni seis meses de instalarse el nuevo gobierno (y aún cuando no hay ningún Diputado preso por el descarado desfalco económico practicado a través de las benditas partidas circuitales), cuando ya el Presidente de la Asamblea sale en los medios de comunicación defendiendo la asignación de 25,000 dólares a cada Diputado para que se lo vaya a despilfarrar.

En medio de la vergüenza, la Diputada Ana Matilde Gómez es sin duda la luz que ilumina el modelo a seguir por toda la clase política panameña. "Pedí al Presidente de la Asamblea que me sacara de esa lista, porque a mi criterio esos bonos contribuyen a la dependencia política y al clientelismo".

La jugada es simple: El diputado otorga un recurso que no es él a cambio de votos y popularidad, y de paso, se gana unos dólares a través de coimas que le brindan las empresas y fundaciones beneficiadas con las contrataciones, las cuales en la mayoría de los casos están ligadas directa o indirectamente a él mismo.

La solución también es simple: El Diputado canaliza la obra a través de la institución respectiva. Si es una calle con el MOP. Si es una beca con el IFARHU. Si es una bolsa de comida o atención a un discapacitado con el MIDES. Si es un nombramiento con MITRADEL.

Lo que no podemos seguir tolerando es que gente mediocre que debería estar diseñando leyes, sea relecta cada 5 años con el dinero de todos y en perjuicio de personas mucho más calificadas, pero que no pueden competir contra la maquinaria económica que los ha sustentado por años.

Los bonos y partidas son el suplemento perfecto para alimentar el clientelismo y la corrupción. Si los Diputados son tan bondadosos, que compren las bolsas de comida que quieren regalar con su propio salario y no con el dinero de todos los contribuyentes.

 
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