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sábado, 18 de enero de 2014

SOBERANA PRESENCIA DE LA PATRIA



Por: Bolivar Perigault Sánchez.

Inicio esta entrega con este sugestivo título del poema de la gran poetisa Diana Morán ícono del nacionalismo en la literatura por considerar que la Patria sigue siendo soberana y su presencia sigue latiendo en las mentes y en los corazones de cada panameño.

Panamá ha sido honrada este 9 de enero al cumplirse 50 años de la gesta patriótica que se convirtió en el detonante de una bomba de tiempo que estalló en sus entrañas desarraigando las ataduras coloniales que nos oprimían desde la firma del fatídico Tratado de 1903.

La lucha panameña por la recuperación de la soberanía en esa franja de tierra fue la sumatoria de un esfuerzo generacional que aglutinó al movimiento estudiantil y popular  desde los primeros años de la mala administración zoneita de esa parte de nuestro territorio. Ello trajo como consecuencia, a lo largo de varias décadas, un sin número de marchas, manifestaciones y enfrentamientos que, finalmente, sumaron al gobierno hasta concretar la firma del Tratado Torrijos-Carter, con el cual recuperamos la posesión soberana de nuestro canal y con él, nuestra dignidad y la compactación de nuestra identidad nacional.

Para el logro de este objetivo, el Ministerio de Educación, siguiendo una política de Estado, instituyó en los años 70, la Cátedra de Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, lo cual permitió que nuestros estudiantes conocieran, analizaran e interpretaran los diferentes sucesos históricos que nos vinculaban con el país norteño por causa del Canal. Fue así, como el conocimiento de nuestra historia fue moldeando ese sentimiento de Patria en aquellas generaciones.

La memoria histórica de la Patria no se puede ni debe descuidarse porque entonces corremos el riesgo de perdernos en el abismo de la ignorancia. Muy por el contrario, hoy nos encontramos con un Ministerio de Educación carente de una política de Estado y con fuertes intenciones de intentar borrar nuestra memoria histórica al eliminar dicha cátedra y/o disfrazarla con otros contenidos curriculares, acción esta que ha sido catalogada por prestigiosos docentes como un delito de lesa Patria, toda vez que a través de dicha materia, históricamente, los docentes lograron incentivar el sentimiento patriótico y el fervor nacionalista que siempre nos ha caracterizado como institutores con un alto sentido de pertenencia y de identidad nacional.

Los intentos permanentes de la ministra de turno por intentar acallar las voces juveniles de los institutores con diversas acciones como la de suprimir las organizaciones culturales, el perseguir y finalmente expulsar a los líderes estudiantiles, y una constante animadversión a todo lo que huela a Patria en este plantel educativo, que culminaron con el atropello y la invasión de su gendarmería al glorioso Nido de Águilas, le han granjeado entre los aguiluchos, diversos motes tales  como: “persona Non Grata” , “la ministra doberman” y “enemiga Número 1” del Instituto Nacional de Panamá, entre otros.

Sin embargo, el masivo respaldo de todas las generaciones de institutores y del pueblo panameño durante la conmemoración de los 50 años de la gloriosa gesta de 1964, dejaron  al descubierto – alto y claro-  la Soberana Presencia de la Patria expresada en los millares de compatriotas que reconocen el hecho cierto de que si hoy somos soberanos y hemos recuperado nuestro canal, eso se lo debemos a esos valerosos jóvenes que ofrendaron sus vidas con dignidad y honor, escribiendo la página más gloriosa de nuestra historia con letras de oro, construyendo así para la eternidad, tal cual como lo sentenció el gran filósofo Emerson.


En esta primera entrega quiero exhortar a las autoridades del Ministerio de Educación para que intenten enderezar los senderos en materia educativa y, de una vez por todas, se sumen a la idea de Patria que tiene el pueblo. Se hace imperativo, entre otras acciones,  retomar el estudio de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, como herramienta para fortalecer nuestra memoria histórica. Recordemos que los ministros pasan y el Instituto Nacional de Panamá permanece y permanecerá incólume, como hasta ahora,  ante los esfuerzos de sus detractores y pésele a quien le pese, continuará en su fecunda labor educativa de formar ciudadanos con un alto sentido de pertenencia e identidad nacional, siempre comprometidos con los mejores intereses de la Patria.
 
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